En los últimos años, la práctica de Yoga se ha popularizado muchísimo, y eso, es una excelente noticia. En el estudio cada vez llegan más personas con ganas de cambiar su vida desde raíz pero con el mismo miedo “Es que NUNCA he hecho Yoga y no soy flexible”, si los vieran evolucionar… es un sentimiento increíble.

Recuerdo mi primera clase a la perfección, yo usaba unos pants grises y una blusa blanca de manga larga –que en conjunto hicieron que sudara como maratonista-, cantamos OM al principio de la clase y yo me sentía ridícula de cantar con todos (uy, si me vieran ahora), Paloma decía cosas raras en un idioma al que el resto de las personas dentro del salón respondían hablando o en movimientos que yo trataba de imitar, dando como resultado una perfecta imitación de un oso panda en vez de movimientos controlados y con gracia.

Por supuesto que tenía que compartir mi ridículo con mi hermana y una amiga con las que me reía e incluso llegué a platicar durante la práctica. Fue maravilloso.

El caso es que uno siempre es principiante en algo y eso está bien, de hecho está perfecto. Es campo fértil para vaciar esa tacita de conocimientos y dejarnos volver a ser como niños.

Me encantaría regresar a ser esa rookie y volver a maravillarme como lo hice la primera vez, solamente que con un manual sobre cómo evitar hacer el ridículo al entrar a una clase en un estudio y para eso, mis amigos, está su servidora.

Mi experiencia como alumna y maestra de Yoga me ha permitido aprender sobre el comportamiento correcto para una clase de Yoga, y con la humildad que me ha dejado tanto aprendizaje, les dejo una serie de recomendaciones que considerar para entrar al Shala (lugar donde se practica Yoga), y así tener una experiencia mucho más plena desde el primer día.

Namaste.