Siempre les digo a mis alumnos la misma frase cuando llegan a practicar yoga por primera vez: “Ten mucho cuidado, porque si esto te gusta, te vas a enamorar”.

Ciertamente nadie somos yogis, ser yogi es un estilo de vida que conlleva cambios drásticos. Somos practicantes de un par de ramas “del árbol del yoga”: Asana (posturas), pranayama (control de la respiración) y algunos dyana (meditación). Lo que sí puedo asegurar es que introducirte al mundo del yoga te irá transformando. Y cambiará tu entorno, tus relaciones, tu manera de pensar y de ver la vida.

El primer paso es hacer comunión con tu mat (tapete de yoga). Subirte a él es entender que no vas a realizar ningún tipo de competencia con nadie. Es un espacio de reconexión primero corporal. Empezar a reaprender, a escuchar instrucciones y llevarlas a cabo. Aprender a no salirte de tu tapete y dominar las posturas dentro de él, es la primera fase. Soltar auto juicios sobre tu cuerpo y aprender a honrarlo, a conocer sus límites y sus capacidades. El yoga es una práctica de retos contigo mismo, encontrando la justa medida con nuestro ego. Y practicas sobre un tapete de yoga precisamente porque no vas a compararte con nadie.

La primera regla sobre el mat es el acto de la no violencia hacia tu cuerpo. No forzarte hasta lastimarte, pero tampoco conformarte ni rendirte. He ahí el meollo de la práctica. No hay una meta, tu práctica cada día habla del momento de vida que estás pasando y a veces tienes energía, a veces todo te sale y a veces parece que has vuelto a empezar.

El yoga en definitiva no está diseñado para lastimarte. Nace de la medicina ayurvédica en Asia y está perfecta y geográficamente diseñada para que cada parte del cuerpo se encuentre soportada y protegida. Debes realizar tu práctica a manos de un maestro certificado y debes aprender a reconocer si la certificación fue hecha a manos de maestros reales y responsables. Hoy se ha vuelto una moda y realizar certificaciones a vapor es hoy un acto irresponsable. Y así como amas tu persona, debes otorgarte entonces un maestro que conozca a fondo de anatomía y alineación y entonces no lastime tu cuerpo, que sepa tocarlo, ajustarlo y que te lleve a practicar por años, de acuerdo a tus alcances.

Entonces realizar tu práctica se convierte en tu momento, un momento es el que sólo sucede tu práctica y tu respiración, y deseas que se convierta un día en una meditación en movimiento. Y practicar sólo puede traerte salud, felicidad, paz, coherencia. Te vuelves un ser que nutre su entorno y toma mejores decisiones.

Cada postura es una maestra que en sus sensaciones te enseña algo, y eso lo experimentas en el día a día sobre tu tapete. Y en el desempeño de ellas lo acompaña una danza de inhalaciones y exhalaciones que purifican y oxigenan tu cuerpo, y al decir cuerpo me refiero: sangre, músculos, ligamentos, articulaciones y ni hablar de la densidad ósea que se gana con el acto de la respiración consciente. Respirar y poner atención a tu práctica, te hace olvidarte de todo lo demás y al terminar debes sentirte liberado, fortalecido y al haber dejado de pensar por ende libre de estrés.

Así que puedo decirte que practicar yoga sólo puede llevarte a amarte, apreciarte y entender que tu cuerpo está diseñado para moverse, que cada pensamiento, emoción y experiencia se almacenan en las capas de tu cuerpo y dejarlas ahí puede llevarte a tener un estado de salud que no es el óptimo. Moverte, sudar y exhalar, libera las emociones y tu cuerpo abre espacio por dentro.

No puedes entender tu entorno si no te entiendes y el yoga es una extraordinaria forma de conocerte y enfrentarte amorosamente a ti mismo.

NAMASTE

Thelma Esquitín
Maestra avanzada en Vinyasa Flow
Maestra de Alineamiento Restaurativo
Twitter: @thelmaesquitin