Tema del mes: El Por qué asana?

Junio 2016


Hace poco un alumno me preguntó por qué algunas tradiciones del yoga, como bhakti, pone poco o ningún énfasis en la práctica de asana, mientras que en Jivamukti Yoga y muchas otras disciplinas occidentales contemporáneas desempeña un papel fundamental. Es verdad que hay tradiciones que se centran en otras prácticas distintas a la de asana. Hay cuatro senderos principales del yoga y todos ellos comparten el mismo objetivo (la iluminación o realización de la unidad del ser), pero cada uno hace hincapié en diferentes aspectos para lograr ese objetivo. En bhakti yoga, el sendero de la devoción, ante todo pone énfasis en japa (la repetición de los nombres de Dios), el canto y el ritual. Es la práctica del desarrollo de la relación personal con Dios por la cual se purifican los karmas del pasado. Algunos bhakti yoguis destacados son Neem Karoli Baba, Shyamdas, Krishna Das, Rumi y Mirabai. Jñana Yoga, el sendero del intelecto, pone énfasis fundamentalmente en la meditación, las escrituras y el estudio del sánscrito. Se centra en la pregunta «¿quién soy?» y en la indagación de todas las respuestas posibles en torno a ella. En última instancia, el jñana yogui llega a la realización de que ninguna respuesta que provenga del mundo material y relativo puede ser correcta, entonces lo que queda es la verdadera naturaleza de la realidad. Sri Nisargadatta Maharaj y Ramana Maharshi son jñana yoguis. Karma yoga, el sendero del servicio desinteresado, ante todo pone énfasis en la rendición del resultado de las acciones a Dios («no se haga mi voluntad, sino la tuya»). Por medio del servicio a los demás llegamos a vernos a nosotros mismos (y a Dios) en los otros, y la ilusión de la separación del Ser se disuelve. Se dice que si pudiéramos realizar una verdadera acción desinteresada (una acción completamente libre de ego), alcanzaríamos la iluminación al instante. Swami Sivananda y la madre Teresa son karma yoguis. Raja yoga, el sendero de la mente, es el sendero de las ocho ramas (o Ashtanga yoga) descrito por Patanjali en los Yoga Sutras. Fundamentalmente hace hincapié en la observación e indagación de las tendencias y características de la mente y en última instancia, nos entrena para distinguir y separar nuestra identidad de las fluctuaciones de la mente, momento en cual se llega a la realización de la Unidad del Ser. Sri Krishnamacharya y Sri K. Pattabhi Jois son raja yoguis. A principios del siglo veinte, Sri Aurobindo enseñó que era posible integrar los cuatro senderos del yoga y sus prácticas, no sólo para elevar la consciencia del practicante y alcanzar a la iluminación, sino también para lograr un cambio positivo en el mundo. Jivamukti Yoga es un sistema de yoga que integra los cuatro senderos.
Se cree que la práctica de asana pertenece al Raja yoga, pero en realidad las asanas subyacen a todos los tipos de yoga. Para practicar yoga tienes que haber encarnado, es decir, vivir en un cuerpo físico. El bhakti yogui canta con la voz y el corazón, que son parte de su cuerpo; el jñani yogui se sienta y medita desde su cuerpo; y el karma yogui sin duda emplea su cuerpo para realizar las acciones desinteresadas. Las asanas afectan nuestra relación con la Tierra y los demás, y el medio por el que nos relacionarnos con los demás es físico. La práctica de asanas nos puede llevar directamente a la iluminación porque lo único que se interpone entre nosotros y la iluminación es la percepción que tenemos de nosotros y los otros. Los karmas generados por la interacción con los demás se graban en los tejidos del cuerpo (de hecho, los karmas conforman el cuerpo), pero el movimiento durante la práctica de asana produce un efecto de purificación de los karmas que nos ayuda a sentirnos más cómodos con nuestro cuerpo y las relaciones que mantenemos con los demás y, en última instancia, conduce a la libertad y la liberación.
Si observamos la historia de la humanidad, descubriremos que a medida que las civilizaciones y las religiones organizadas fueron adquiriendo mayor poder, también lo hicieron nuestros prejuicios. Dos de los prejuicios más antiguos, la misoginia (el odio hacia las mujeres) y el especismo (el odio hacia los animales), giran en torno a una visión negativa del cuerpo humano, que es visto como una representación de la pérdida de gracia divina que debe ser domesticado, degradado o modificado. Con el tiempo, los seres humanos nos hemos desconectado cada vez más de la Tierra, del cuerpo físico y el lugar que nos corresponde entre el resto de los animales. Tendemos a considerarnos un caso especial y nos esforzamos con arrogancia por desvincularnos de la cualidad física de los animales. Eso nos ha llevado a creer erróneamente que el modo en que vivimos y tratamos a la Tierra y el resto de seres no tiene repercusiones negativas para nosotros, los demás seres o la Tierra.
Si observamos la historia del yoga, veremos que con el tiempo las diversas prácticas se han tenido que detallar y refinar cada vez más para abordar nuestro creciente sentimiento de enajenación de la vida. Las primeras escrituras sobre la felicidad, la realización, la vida en armonía y el conocimiento de Dios y del Ser nos parecen demasiado idealistas, demasiado filosóficas y muy difíciles de comprender y poner en práctica en la actualidad. Por ejemplo, el Rig Veda enseña: «¿Quién lo sabe? Nadie lo sabe». La mayoría de nosotros necesitábamos una explicación más amplia. Así que las enseñanzas de los Vedas se extrajeron de los Upanishads y se presentaron en narraciones, relatos y parábolas. Pero aún así muchas personas necesitaban explicaciones más concretas, y al final llegaron los Yoga Sutras y el Bhagavad Gita, con los que incluso en la actualidad nos podemos identificar, aunque gran parte de su contenido nos resulta abstracto. En la Edad Media llegó el Hatha Yoga Pradipika, con instrucciones detalladas de quince asanas, entre otras diversas prácticas. Parece que a medida que iba pasando el tiempo, era cada vez más difícil comprender el misterio de la vida en la era del conflicto, Kali Yuga. Tradicionalmente, el buscador encontraba a su maestro y este tal vez le daba un mantra que, si recitaba con devoción y fe en el maestro, podía conducirle a la iluminación. Hoy en día pocas personas tienen este tipo de fe en un maestro o un mantra. Podríamos decir que nuestros cuerpos (físico, energético, mental y emocional) se han atenuado: hemos perdido la sensibilidad, la capacidad de percepción sutil. Hemos renunciado a mucho para tener una vida «civilizada». La práctica de asana tiene el poder de avivar los sentidos y restablecer nuestro estado natural: el estado de unidad con la totalidad de la existencia, el estado de alegría eterna.


-Sharon Gannon (co-founder of Jivamukti method) -

Yoga Puebla