Tema del mes: Narración

Febrero 2015

“Indra tomó forma de halcón para probar el carácter del Rey Sibi. El halcón persiguió a una paloma para matarla. La paloma voló en dirección del Rey Sibi y le rogó que la protegiera de su perseguidor. El rey, lleno de compasión, accedió. Cuando llegó el halcón le exigió al rey que le diera la paloma –ya que era su alimento natural y sin ella él moriría de hambre. El rey explicó que él había protegido protección a la paloma y no iba a faltar a su palabra. A eso, el halcón respondió que entonces que le diera un trozo de carne que pesara lo mismo que la paloma. El rey puso a la paloma en una balanza, y entonces cortó un pedazo de su muslo y la puso del otro lado de la balanza. Para su sorpresa, la paloma era mucho más pesada. El rey continuó cortando más carne de su muslo pero en todas ocasiones la paloma era más pesada. Finalmente, el rey se subió a la balanza y ofreció todo su cuerpo en lugar de la paloma. En ese momento el halcón se vuelve a convertir en Indra y devuelve el cuerpo del Rey Sibi a su normalidad, diciendo “Tu fama tendrá la misma duración que el mundo”.

Stephen King dijo, “hay libros llenos de gran contenido que no tienen buenas historias”.

            Toda la literatura, películas, televisión o novelas gráficas no perduran si no contienen una buena historia. Los grandes libros como la Biblia o el Corán tienen historias que permanecen con nosotros toda la vida. ¿Qué es una buena historia? Una buena historia es aquella que recodamos. La capacidad de recordarla es la verdadera prueba de una buena historia. Una historia buena narra algo de importancia universal de forma personal. Una historia buena expande una experiencia personal a una dimensión universal. Las historias y la narración son herramientas integrales del conocimiento del yoga. Las historias de dioses, demonios, humanos y otros animales están presentes en todo el conocimiento del yoga. Estas historias muestran una imagen clara de la vida de los santos, yoguis y buscadores.

El padre de Svetketu era un gran erudito que instruyó a su hijo acerca de la naturaleza del universo, de su esencia invisible y omnipresente. “Esa es la realidad. Ese es Atman. Eso eres Tú”, le dijo. Svetketu pidió a su padre que le explicara más. Su padre le pidió que pusiera una cucharada de sal en un vaso de agua, y que volviera a él la mañana siguiente.  Cuando Svetketu regresó el siguiente día su padre le pidió que sacara la sal del agua. Svetketu no podía ver la sal en el agua, se había disuelto. Su padre le pidió que probara el agua y que le dijera a qué sabía. Svetketu sin duda alguna le dijo que estaba salada. Su padre volvió a pedirle que buscara la sal. Svetketu no podía ver la sal, sólo podía sentir su sabor. Su padre le dijo entonces que esa esencia invisible y sutil de todo el universo no puede ser vista, pero que su presencia se asemejaba a la de la sal, que yacía invisible en el agua. “Esa es la realidad. Esa es la Verdad. Eso eres Tú”.

-Del Chandogya Upanishad

Arundhati Roy escribió, “El secreto de las Grandes Historias es que no tienen secretos. Las Grandes Historias son las que nunca te cansas de escuchar. En ellas puedes ir a todos lados y morar cómodamente… En las Grandes Historias tú sabes quién vive, quién muere, quién encuentra amor, y quién no. Y aun así lo quieres volver a escuchar.”

Una noche fría el Colibrí volaba a su casa y vio a los humanos debajo, titiritando de frío. ¡Los pobres humanos no tenían plumas para abrigarse! El Colibrí lleno de compasión se dispuso a tomar cartas en el asunto. Voló hacia los humanos y les pregunto “¿Por qué no tienen fuego para recibir calor?” Los humanos le respondieron “Tenemos miedo de que al robar el fuego del Sol, nos devore a todos y nos incinere”. “Hmmmmmmmm”, murmuró el Colibrí. “Yo puedo ir a buscar el fuego del sol, soy muy rápido (lo cual es cierto dadas las habilidades de los colibríes para evadir obstáculos). Los humanos le advirtieron que el Sol lo podía quemar si se acercaba a tomar el fuego. El Colibrí volvió a casa a descansar porque necesitaba fuerzas para ir a buscar el fuego para los humanos. La mañana siguiente, muy temprano, emprendió su búsqueda. Voló directo al cielo,  subió…subió…subió… y subió. Al ver que se acercaba, el Sol lanzó una llamarada para freírlo. El pajarito casi se quema pero pudo maniobrar y volar detrás del sol, tomar algo de fuego y guardarlo bajo su pico. Y descendió…descendió…descendió y descendió. El pajarito estaba exhausto, y entregó el fuego a los humanos. Coyote Viejo, el líder de los humanos le dijo “Gracias por este regalo. ¿En dónde guardaremos este fuego?”. Los otros humanos dijeron “Haremos una fogata y nunca dejaremos que se apague”. Coyote Viejo dijo… “no, seguramente la desatenderán, se cansarán y se quedarán dormidos. ¿Qué tal si llueve? Debemos de mantener el fuego a salvo”. Coyote Viejo tomó el fuego, y lo escondió en un árbol de madera dura que estaba cerca. “Pero ¿qué has hecho? ¡Hemos perdido el fuego!”. Coyote Viejo sonriendo les dice “El fuego está en el árbol. Cada vez que lo necesiten, froten un trozo de madera dura con otro suave, y el fuego aparecerá. Ya no volverán a tener frío”. Hasta nuestros días, muchos colibríes tienen una marca roja debajo de su pico donde su ancestro cargó el fuego como regalo a los humanos.

Historia de la tradición de Las Primeras Naciones

David Life, Febrero 2015

 

Traducido por Rafael Cervantes

Yoga Puebla